Álbum ilustrado, cómic, libros infantiles y juveniles

Matthew Forshythe

Matthew Forshythe

El hombre que diseñó Adventure Time y luego decidió que lo suyo era hacer llorar y reír con álbumes ilustrados.

El mayor error que cometieron los padres de Poko fue regalarle un tambor. El mayor acierto de Matthew Forsythe fue escribir esa frase. Con ella arranca Poko y su tambor, su primer álbum como autor e ilustrador, y con ella quedó claro que el mundo del libro infantil acababa de ganar a un creador con una voz propia, afilada y tierna a partes iguales.

De mensajero en moto a diseñador de mundos

Matthew Forsythe nació en Canadá, creció en Londres y estudió ciencias políticas en la universidad. Nada en su currículum apuntaba hacia la ilustración —salvo que no dejó de dibujar ni un solo día de su vida—. Después de graduarse pasó una década viajando: fue camarero, repartidor en moto en Irlanda, maestro de preescolar en Corea del Sur. Por las noches dibujaba. Publicó sus primeros cómics (Ojingogo, Jinchalo) y estos le abrieron una puerta improbable: Cartoon Network le contrató como diseñador principal de Adventure Time, una de las series de animación más influyentes de su generación.

En dos años en Los Ángeles, Forsythe diseñó cientos de personajes, fondos y atrezo para más de cien episodios. Trabajaba noches, fines de semana y navidades, rodeado de artistas con formación en las mejores escuelas de arte del país, que le daban notas y correcciones constantes. Lo que para cualquiera habría sido abrumador, para él fue la mejor escuela posible. Después llegó The Midnight Gospel (Netflix) y Robin Robin, la película de animación stop-motion de Aardman que fue nominada al Oscar.

"Antes de aquello no tenía confianza en mi trabajo. Después, sí."

Pero Forsythe llevaba años queriendo hacer algo distinto. Cuando enseñaba en un jardín de infancia coreano y leía álbumes ilustrados a sus alumnos, se enamoró de esa forma única de contar historias donde texto e imagen son inseparables. Ese sueño nunca se apagó. Hoy vive en Los Ángeles, donde compagina la animación con sus propios libros —y confiesa que prefiere pintar con acuarela, gouache y lápices de colores antes que trabajar en digital—.

Un estilo que se reconoce al primer vistazo

Los álbumes de Matthew Forsythe comparten un sello inconfundible. Sus bosques luminosos, con texturas aterciopeladas y una paleta de cobres, carmesíes y verdes profundos, crean mundos que invitan a quedarse. Sus personajes —una rana, unos ratones, un fantasma— tienen una expresividad contenida que dice más con una mirada que con un párrafo. Y su humor es seco, irónico, de mecha lenta: la clase de humor que hace reír al niño por una razón y al adulto por otra completamente distinta.

Forsythe escribe poco. Cada frase está medida, cada página pensada como un giro que arrastra al lector. Lee sus textos en voz alta decenas de veces antes de darlos por buenos. Y si una escena no funciona con un público real —como la niña que se levantó y se fue en mitad de una lectura de prueba, indicándole que había ocho páginas de sobra—, la corta sin remordimientos.

"Una de las cosas que te hacen ser quien eres como ilustrador son las cosas que no dibujas y las cosas que no puedes dibujar."

Sus libros en Andana

Poko y su tambor fue el libro que puso su nombre en las estanterías de familias y librerías de todo el mundo. Una rana pequeña que sale al bosque con su tambor y, sin pretenderlo, arrastra a un desfile de animales músicos —incluido un lobo al que hay que recordar que no se puede comer a los miembros de la banda—. El álbum fue elegido Mejor Libro del Año por Publishers Weekly y la NPR, recibió el Charlotte Zolotow Honor y el Boston Globe–Horn Book Honor, y se convirtió en uno de esos libros que los padres disfrutan leyendo en voz alta una y otra vez.

Con Mina, Forsythe dio un paso más. Una ratoncita apasionada por la lectura y la tranquilidad cuyo padre, excéntrico e impredecible, llega un día a casa con una sorpresa peluda que él insiste en llamar "ardilla"... aunque tiene garras afiladas y una mirada inquietante. Es un álbum sobre la confianza, la preocupación y la lealtad entre padres e hijos, contado con un suspense que atrapa desde la primera página. Mina recibió cinco reseñas destacadas, fue elegido Mejor Álbum del Año por Kirkus Reviews y Shelf Awareness, y fue finalista de los Governor General's Awards de Canadá.

Su último título en Andana, Aggie y el fantasma, es Forsythe en estado puro. Aggie se muda sola a una casa nueva y descubre que está encantada. Pone reglas: nada de robar calcetines, nada de comerse toda la comida, nada de apariciones después de medianoche. El fantasma, naturalmente, las incumple todas. La resolución del conflicto pasa por un duelo épico al tres en raya —un guiño delicioso a la partida de ajedrez con la Muerte de El séptimo sello— que solo a Matthew Forsythe se le podía ocurrir. Más de setenta páginas de humor seco, lógica implacable y un final que deja una sonrisa difícil de borrar.

Todos sus libros están también disponibles en catalán.

Un creador que no dibuja lo que no quiere dibujar

Matthew Forsythe dice que sus libros son ya una especie de autobiografía: todo lo que necesitas saber de él está en sus páginas. En Andana estamos de acuerdo. Si quieres conocer a un creador que ha pasado de diseñar mundos para Cartoon Network a construir bosques de acuarela donde viven ranas con tambor, ratones valientes y fantasmas con debilidad por los calcetines, abre cualquiera de sus libros. El resto se cuenta solo.